Se dice que ante posibles revueltas o su propia muerte, Hernán Cortés habría escondido una vasta fortuna en algún punto de las entrañas de la actual Ciudad de México. La maldición de este tesoro no sería sobrenatural, sino la ambición y la sangre derramada que lo acompañaron. Exploradores y curiosos han buscado durante siglos, pero el tesoro, si existe, permanece celosamente castigado por la historia y el subsuelo capitalino.











