Durante la época de la Santa Inquisición, una mujer habría recurrido a la brujería para separar a dos amantes. Según el relato, hizo un pacto con el demonio para conseguirlo y, después de lograr su objetivo, fue juzgada por la Inquisición.
Su verdadero nombre se perdió con el tiempo y, por eso, pasó a ser conocida como “la Bruja sin Nombre”. Con los años, su historia quedó atrapada entre la leyenda, el miedo y las creencias de una época marcada por la persecución de la brujería.












