Después de una ruptura, un mal día o simplemente cuando el ánimo está bajo, muchas personas recurren a canciones tristes en lugar de buscar algo alegre. Aunque podría parecer contradictorio, la psicología plantea que esta elección no necesariamente significa que quieran sentirse peor.
La música puede ofrecer una forma de acercarse a una emoción sin tener que explicarla. Una canción permite reconocer la tristeza, recordar una experiencia o simplemente sentirse acompañado durante unos minutos, mientras la historia de la melodía ofrece un espacio limitado para esa emoción.
Un estudio realizado por Liila Taruffi y Stefan Koelsch, con 772 participantes, encontró que la nostalgia era una de las emociones más frecuentes entre quienes escuchaban música triste. }
Los investigadores también identificaron beneficios relacionados con la regulación emocional, la imaginación y la empatía.
La respuesta, sin embargo, no es igual para todos. Una canción puede traer calma o ayudar a procesar un recuerdo, pero también puede intensificar pensamientos negativos dependiendo de la experiencia de cada persona y de las asociaciones que tenga con determinada melodía.
Por eso, escuchar música triste no puede considerarse por sí solo una señal de depresión o de que alguien quiera permanecer en un estado de tristeza. Una forma más útil de observar el efecto es fijarse en cómo queda la persona después de escucharla: si siente mayor claridad o tranquilidad, pudo servir como una forma de procesar lo que estaba sintiendo; si aumenta el malestar o la sensación de aislamiento, quizá sea momento de cambiar de actividad.