Trabajar en fábricas puede representar un riesgo silencioso para la salud, ya que no solo se trata de accidentes visibles, sino de lesiones progresivas que afectan a millones de trabajadores. Estos daños, especialmente en músculos y tendones, pueden derivar en padecimientos crónicos con el tiempo, resultado de movimientos repetitivos, esfuerzo físico constante y condiciones laborales exigentes.