Según la leyenda, el castillo Houska fue construido para sellar una grieta que llevaba directo al infierno. Los aldeanos aseguraban escuchar gritos inhumanos saliendo del pozo y ver criaturas oscuras arrastrándose entre la niebla. Lo extraño es que sus murallas y torres no apuntan hacia afuera, sino hacia el interior, como si intentaran evitar que algo escapara. El castillo tampoco tenía agua, cocinas o rutas comerciales. Era inútil como fortaleza, a menos que su verdadero propósito fuera otro. Cuenta la historia que un prisionero aceptó bajar al pozo a cambio de su libertad, pero segundos después comenzó a gritar desesperadamente. Cuando lo subieron, tenía el cabello completamente blanco y había envejecido décadas.